Medir el turismo no es sencillo. Muchas actividades económicas pueden estar vinculadas al turismo, pero no de forma exclusiva. Un restaurante, una estación de servicio o un taxi pueden atender tanto a turistas como a personas que viven en la zona. Solo algunos sectores, como los hoteles o las agencias de viajes, se asocian casi por completo al turismo.
Una serie de indicadores permiten medir el peso del turismo en la economía. Suelen utilizarse el “PIB turístico directo” y el “valor agregado bruto de la industria del turismo”. El PIB turístico directo capta únicamente la parte de las industrias turísticas destinada al consumo de turistas: por ejemplo, la fracción del gasto en gastronomía, transporte o cultura realizada por visitantes. En cambio, el enfoque de las industrias turísticas incluye a todas las actividades relacionadas con el sector —hoteles, restaurantes, transporte, espectáculos— sin distinguir si la demanda proviene de turistas o de habitantes locales.
Teniendo en cuenta las dificultades de medición del turismo, la División de Estadística de la ONU y la OMT establecieron un marco internacional para la elaboración de la Cuenta Satélite de Turismo, destinada a medir el aporte económico del turismo dentro de las cuentas nacionales de los países. Este marco sirvió para que, en Argentina, el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación Argentina e INDEC elaboren la Cuenta Satélite de Turismo de Argentina (CST-A). El propósito de la CST-A es analizar los aspectos de la demanda de bienes y servicios asociados con la actividad de los visitantes argentinos y del extranjero que recorren el país.
¿Qué actividades se cuentan para medir el turismo? ¿En cuáles de ellas el turismo es más determinante de la actividad en sí?
Las agencias de viajes, el transporte aéreo de pasajeros y el alojamiento son las actividades más “puramente” turísticas
Las actividades turísticas pueden desagregarse en cinco grupos: alojamiento, gastronomía, transporte, agencias de viaje y otros bienes y servicios turísticos. Sin embargo, no toda la producción de estas ramas es consumida por turistas. En 2019, el 30,3% del total de la oferta de esas ramas fue consumida por visitantes. Esta proporción varía mucho entre las actividades involucradas. Por un lado, hay ramas “puramente turísticas” (como alojamiento, agencias de viaje y, dentro del transporte, el aéreo), en donde más del 90% del consumo lo realizan visitantes. En contraste, menos del 15% de la oferta de la gastronomía, del transporte no aéreo (como el terrestre) y del resto de los servicios turísticos (como industrias culturales, deportivas y comercio minorista de determinado tipo de bienes) es demandada por turistas.